¿Cómo escribir personajes creíbles?

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Antes de que pudiera darme cuenta, han pasado dos años desde que inicié este blog, y en todo ese tiempo me he centrado, casi sin pensarlo, en el diseño de personajes, su estructura dentro de la narración y sus funciones. De hecho, hasta el primer ebook que hice en mi vida va de eso (saben dónde hacer click para descargarlo, por cierto).

Y como no voy a cambiar mi temática de buenas a primeras, ahora toca saber cómo hacer que nuestros personajes sean creíbles, que no es otra cosa que verosímil: que parezcan y se comporten como si fueran reales, dependiendo de la situación o su construcción psicológica.

Por eso, con estos diez consejos espero brindarte las herramientas necesarias para escribir buenos personajes.

Sin más que agregar, comencemos:

Ni muy muy ni tan tan

Siempre se tiene que tener en cuenta qué es un personaje: una creación que sin ser humana, lo parece. Y muchos de nosotros tenemos la costumbre de plasmar ciertos detalles de nuestro propio carácter o nuestra vida en el papel.

Hay que tener cuidado con esto: si bien es cierto que toda forma de arte es en cierto modo autobiográfico, estamos escribiendo ficción, no una biografía.

Si bien puedes inspirarte en una situación o un recuerdo propio, la vida real está saturada de una rutina aplastante y de sucesos intrascendentes a los que le damos más importancia de la que merecen.

Así que debes mantener un equilibrio: dejar los suficientes detalles reales como para que el personaje sea verosímil, pero no demasiados para que aburra al lector, lo saque de su función o termine pareciéndose demasiado a ti.

Empatía

Muchos de los más grandes guionistas de la historia, solo diré Shakespeare, fueron actores al principio. Y esto ocurre porque los actores aprenden a improvisar: de esta manera, metiéndose en escena, saben cómo reaccionaran sus personajes ante las situaciones que se les presentan.

Aunque con usar el sentido común es más que suficiente: nadie se creería que alguien, a no ser que sea un gatillo alegre que no respeta las reglas, salga de una cobertura en medio de un tiroteo.

Y así en cada escena: si eres capaz de tener empatía por tus personajes, colocarte en su posición ante el escenario y el trasfondo con que cuenta, podrás intuir cuál sería su actuar.

No le tengas miedo a los contrastes

Una de mis obras favoritas de siempre es One Piece, y en gran medida se debe a los contrastes que hay en sus personajes: muchos de ellos tienen un carácter fuerte, extraño, bizarro y hasta absurdo, pero llega un momento en que descubren su humanidad. Un contraste genial.

Hay algo que me gusta mucho de Faullkner y de García Márquez: construyen sus historias para que llegue un punto donde en el narrador da un paso hacia atrás para que sea el lector quien intuya lo que está ocurriendo, solo para que se dé tremenda sorpresa con el contraste entre las acciones y las intenciones de los personajes.

Y claro, por lo general este contraste se usa al juntar dos personajes contrastantes: pareja dispareja, el gordo y el flaco, opuestos que se atraen y demás.

Sin importar la formula, procura nunca dejar el contraste a un lado.

El escenario también es un personaje

Nunca puedo dejar de recalcar la importancia del escenario y de contexto dentro de la narrativa. Es como la música en una película: sin la atmosfera que va tejiendo la narración a medida que se mueven los personajes y cómo su estructura mental cambia su apreciación del mismo.

Un recurso muy utilizado es utilizar la narración del escenario como reflejo de la situación del personaje central: si está deprimido, el lugar le parecerá horrible, oscuro, frío; si está feliz, verá todo bonito, cálido, esperanzador.

Apaga la fotocopiadora

La narrativa tiene la desventaja con respecto al cine o la novela gráfica de que las imágenes son más difíciles de asentar en la mente. Es por ello que muchos personajes se diferencian por sus acciones y sus nombres.

Entonces, es muy complicado si estamos antes dos personajes que hace lo mismo y cuyo nombre apenas deja intuir cuándo termina uno y comienza el otro. Así que no crees personajes físicamente parecidos ni que tengan las mismas reacciones.

Gordos, altos, inteligentes, tontos, rubios, morenos, astutos, torpes; las posibilidades son infinitas, no lo olvides.

Facilítate el trabajo

Crear un personaje de cero es difícil, así que por lo menos consigue buenos ingredientes: algo que hago más de lo que me gustaría admitir es juntar las características y personalidades de varios personajes en una amalgama que tiró en mi mundo ficcional, de allí nacen mis personajes.

Puedes usar actores de películas, familiares, tú mismo, cualquier material que te permita hacer la receta de un personaje vivo. Esto va de la mano con el siguiente punto.

La observación en la clave

Siendo la Literatura una metáfora de la vida lo más natural es sacar material de la vida misma. Observa lo que te rodea, entabla conversaciones con los demás, no dejes de preocuparte por tus prójimos.

Te sorprendería las ideas, imágenes, historias y personajes que puedes conseguir al escuchar una anécdota familiar.

Arquetipos sí; estereotipos, no

La historia de la narrativa está plagada de personajes y escenarios trillados, sobre explotados y fuera de época. Pocas cosas dañan más a un personaje que estas ideas preconcebidas o cliches: no, que las secretarias son sexys; los millonarios, malos; los villanos, fríos y calculadores.

Esto solo demuestra la falta de creatividad de un escritor: sal de estos estereotipos y pasa a los arquetipos: personajes con funciones aceptadas universalmente pero que ocultan detalles, profundos o superficiales, que los hacen únicos.

Se supone que las madres protegen a sus hijos, pero que tal si esa mamá es una rockera, una bruja, una mujer que exagera en su rol, o que de plano le hace más daño a su hijo con sus intentos de protegerlo. ¿No es acaso así un personaje más interesante?

Qué significan

Cada personaje se mueve por un sistema de creencias y motivaciones que van de la mano con la intención que tiene el escritor de comunicar algo. Solo que, a diferencia de los seres humanos, deben mantenerse en una sola forma de pensar.

Si un personaje va cambiando de opinión cada pocas páginas no sabremos qué es, ni qué significa, y, en consecuencia, no podremos crear un lazo afectivo con él, dejándolo desnudo y con las costuras al aire.

¡Están vivos! ¡Vivooooos!

Como la bestia de Frankenstein, uno de mis personajes favoritos de siempre, en un primer momento parece un ser horrible, un criminal, un monstruo; pero cuando habla resulta ser una criatura atormentada, melancólica, vengativa, solitaria, asustada. Un abanico de emociones que condicionan sus acciones y su pensar. Está vivo, en resumidas cuentas.

Y esa es la cuestión de los personajes creíbles: parecen estar vivos. Pasan por diferentes emociones, se obsesionan y sufren, se comportan de acuerdo a la situación. La vida es cambio, la vida es movimiento, la vida el juego más difícil del mundo, en el que se gana o se pierde.

Conclusiones

Bueno, eso es todo, si el Internet patrio no me jode mucho en las próximas semanas, espero que a principios del 2017 empiece a publicar mi serie de artículos sobre la Literatura Fantásticas.

Aunque les advierto que mi aproximación al “género” es poco convencional.

Por lo demás, a escribir se aprende escribiendo.

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