3 consejos para escribir diálogos

3-consejos-para-escribir-dialogos

Pocas cosas hay más importantes que darle una identidad distinguible a tus personajes, y eso pasa por tener su propia voz. Tratando de englobar criterios, un relato se construye a partir de tres bloques fundamentales: narración, descripción y diálogo. Dicho esto, debo hacer una confesión: no soy proclive a usar muchos diálogos en mis propios escritos.

Esto supongo que tiene mucho que ver con mi elección de maestros. Todos elegimos uno o varios escritores a los cuales se les admira al leer su obra por atender a nuestras inquietudes temáticas y de estilo. En mi caso vendrían a ser Hermman Hesse, William Faulkner, Gabriel García Márquez y León Tolstoí. Autores que se destacan por su narración y por el actuar de sus personajes más que por sus diálogos. Como también hay escritores como Hemingway o Wilde o Saramago que enfrascan a sus personajes en conversaciones interminables.

Pero no por eso he descuidado por completo el papel que los diálogos tienen en el desarrollo de una historia, todo lo contrario: al usarlos muy poco trato de darle el mayor peso posible. Es más, casi siempre me bloqueo tratando de imprimirle la sinceridad necesaria a la voz de mis personajes.

A continuación les enumeraré tres puntos que considero capitales a la hora de crear buenos diálogos y no pasar pena en el intento.

Espada de doble filo

Hay que tener mucho cuidado a la hora de escribir diálogos.

En primer lugar, los enunciados presentados entre rayas o comillas vienen a ser la voz del personaje a quien se le adjudican, palabras salidas directo de sus labios; es el resultado final del proceso de interpretar la realidad que se le presenta a cada individuo desde su perspectiva particular.

Esto significa que cada una de estas líneas debe ser verosímiles, en el sentido de que cada diálogo debe ser algo que diría una persona en su situación y con la estructura psicología que le construiste.

Por lo cual, importa mucho las dimensiones que le diste a tu personaje: su educación indica el tipo de vocabulario qué usará, sus relaciones con los demás influenciará la forma en que le habla a las demás personas en momentos de tensión o tranquilidad, su lugar en el mundo nos dirá qué tipo de imagen quiere proyectar de si mismo.

Y estos son nada más algunas de las formas en las que el diseño del personaje condiciona el texto de los diálogos, de lo contrario caeríamos en uno de dos males, si no ambos: comedia involuntaria o convertir a personajes en seres acartonados.

El primero ocurre cuando aparecen diálogos que, francamente, dan vergüenza ajena. De esos que te sacan una risita y te hacen pensar “no puedo creer que haya dicho esto”. Y esto malo porque te sacan de la inmersión de lectura y, a decir verdad, no hay nada peor que una persona tratando de ser seria y se lo tomen a chiste, en especial si el aludido no se da cuenta.

La segunda se puede resumir en el siguiente ejemplo: tu personaje está atrapado en medio de un tiroteo entre la mafia y la policía, ambos lo buscan por distintas razones, y sin más decide salir de donde estaba resguardado y dice “¡Deténganse!”. No es que sea una mala frase, de hecho es muy correcta, pero también es cierto que en una situación semejante cualquier otra persona trataría de escapar, buscaría un arma para defenderse o rogaría que ambos grupos se mataran entre ellos.

Cuando un personaje parece un criatura controlada por el autor para que haga y diga lo que mejor le parezca estamos ante uno de los peores errores que podemos cometer como escritores. No lo hagamos.

Pero si recomiendo hacer lo siguiente:

1. Los diálogos deben parecer dichos por una persona

Al grabar una conversación con un amigo te darás cuenta que en realidad no tiene mucho sentido lo que se dicen. Haz la prueba y verás que nuestras conversaciones tienden a ser una serie de frases sueltas que ganan su significado cuando ordenamos las ideas en nuestra mente.

No te puedes dar el lujo de hacer esa gracia en tus diálogos, o no del todo: deben ser claros, y sobre todo, creíbles. Y esto significa a que sean acorde a la personalidad y el contexto en el que se encuentre el personaje en ese momento.

Eso pasa por arrancar casi de raíz cualquier palabra complicada, usar muy pocos sinónimos. Repetir frases y construirlas simples. Aquí entra en juego una habilidad necesaria en todo buen escritor: la capacidad de colocarse en el papel de nuestros personajes e improvisar en consecuencia.

2. Los diálogos deben tener una intencionalidad

Es muy común en las personas hablar por hablar. Eso tampoco es demasiado recomendable: en un libro existen limitaciones de espacio e interés en el lector. Si empezamos una novela con un interminable monologo de nuestro protagonista que termina sin decir la gran cosa, lo normal es que, por lo menos yo, cerraría el libro y lo exiliaría a la región de “perdidos en acción” de mi biblioteca: si no vas a decir nada, no digas nada.

Por eso, si vamos a tomarnos la molestia de poner a hablar a nuestros personajes, ¿no sería mejor si fuera por algo importante?

Con esto me refiero a que los diálogos, por encima de la apariencia de las palabras (texto), deben tener cierta intención (subtexto): qué quieren, qué buscan obtener, qué no desean perder. Trata de que tus diálogos, de forma disimulada, dejen en evidencia los deseos de tu personaje.

Todos hemos pasado por ello: tenemos un amigo que no para de hablar de lo mal que le cae su ex con el que acaba de terminar. Por un lado dice que lo odia (texto), pero la realidad es que todavía siente algo él/ella (subtexto) y busca excusas para seguir hablando del tema.

Y si en algo se parecen los personajes y las personas, es que no siempre son honestos consigo mismos, al menos no del todo.

3. Los diálogos no deben reemplazar ni la narración ni la descripción

Hay que estar en claro en algo: el diálogo sirve para trazar los patrones mentales de los personajes, para mostrarnos, sin querer mostrarnos, su forma de ser. Por eso es un crimen capital, distraer su atención en catalogar los objetos a su alrededor o en hacer una enumeración de cada una de sus acciones.

Esto tiene mucho que ver con el primer y segundo punto: no es verosímil, a no ser que el personaje tenga una justificación psicológica o sentimental, que se ponga atención en describir el mundo a su alrededor y narrar su vida de principio a fin. Si tratamos de recordar lo que hicimos ayer, evidentemente nos saltaremos pedazos, para centrarnos en lo importante.

Si de todas formas es necesario, trata de que estas explicaciones estén cargadas de una intencionalidad por parte del personaje: mostrar su nostalgia, manipular a los oyentes, dar pistas disimuladas de sus deseos, crear pistas de lo que ocurrirá en el futuro de la historia.

Conclusiones

Todo lo que he escrito hasta el momento puede sonar confuso, por no decir intimidante, y no es para menos: muy posiblemente hacer buenos diálogos sea lo más difícil que se pueda hacer como escritor. Cuando narras o describes solo muestras lo que ocurre y lo que se ve, pero cuando estamos ante sus palabras existe la posibilidad de la mentira, del autoengaño, de la deshonestidad y del miedo.

Seamos sinceros, aunque quisiéramos, nunca decimos la verdad siempre, parte de lo que somos se queda con nosotros, nunca terminamos de conocernos a nosotros mismos, mucho menos a los demás.

Lo mismo ocurre con nuestros personajes: por más que nos esmeramos en diseñarlos, de darle una estructura mental, llega el punto en que sencillamente sueltan nuestra mano y caminan por si misma.

Y es en ese momento, cuando nos sorprendemos de lo que dicen y hacen, cuando cobran vida propia, lo sabrás: haz hecho un buen trabajo, tu niño ha crecido sano y ahora puede valerse solo, ahora nada más queda disfrutar tu obra.

Por eso nunca debes olvidar, a escribir se aprende escribiendo.

Anuncios

5 comentarios en “3 consejos para escribir diálogos

  1. Creo que no hay nada más difícil que escribir diálogos con sentido y coherencia (entre los personajes y sus palabras); pero así también, pienso que al escribir diálogos no hay nada más emocionante que observar cómo tus personajes fluyen, tienen su voz, y uno como narrador, ya casi no tiene autoridad para cambiarles ni una coma.
    A mí no me gustaban los diálogos, hasta que mis personajes comenzaron a sorprenderme con emoción. A veces los dejo que hagan y deshagan; no soy quién para enmudecerlos (al menos en un borrador!) 😛
    Gracias, Memo.

    1. Eso es muy cierto, lo peor es que los diálogo tienen su truco, no dicen del todo la verdad sobre los personajes, solo un leve indicio, como mirar a alguien con el rabillo del ojo.
      Y ni que hiciera algo que valiera la pena agradecer XD

      1. Tal cual. Como bien lo explicas, esas mentiras que nos decimos a nosotros mismos, nuestras formas se ven cuando hablamos, cuando actuamos. Y en los diálogos, cuando los personajes ya tienen su voz, no hace ni falta contar quién habla. Lograr eso es un lujo, y se aprende escribiendo muchos diálogos, justamente. Para mí es un esfuerzo, hasta que deja de serlo. Me divierto con ellos, eso es lo que a mí me provoca placer. Gracias, Memo (sí que vale la pena 😉 )

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s