Temas para escribir una novela y no morir en el intento

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Todos hemos pasado por una etapa en la que nos sentamos frente al escritorio y, por mucha pasión que tengamos o las ganas que tengamos de trabajar, solo hay una idea que pulula alrededor nuestro: no sé sobre qué escribir.

Solo nos quedamos sentados, viendo la hoja en blanco, con la desesperación de quien no encuentra aquella idea que hasta hace poco movían las cadenas de su imaginación.

Más de una vez me he encontrado escribiendo páginas y páginas que a las pocas horas termino desechando por no tener el tema bien planteado, o carecer del todo de uno. Escribir por escribir no lleva a nada.

Y como en mis demás debilidades como escritor, la solución la fui consiguiendo añadiendo algo de estructura a mi oficio. De allí que ahora me sienta con algo de confianza, que no es lo mismo que autoridad, para presentar esta pequeña guía sobre cómo atrapar un tema potente y no dejar escapar al desgraciado.

Sin más que decir, comencemos:

Temas universales hechos personales

La lengua escrita tiene más de cinco mil años de existencia, y si quieres escribir una novela podemos tomar la aparición del Quijote, hace quinientos, como la primer obra de este género literario. En cualquier caso, llegaremos a la conclusión que mucha agua ha pasado debajo de ese puente.

Todos y cada uno de los temas que atormentan el alma humana ha sido tratado en esos miles de años de Literatura. Esto es algo malo y algo bueno: no hay por donde inventar al escribir, pero no hace falta hacerlo.

Imagina que los temas son para el escritor que los colores para el pintor. Ya están allí, en la paleta, solo hay que aprender a usarlos como se debe. Y al igual que los colores, los temas no caducan, permanecen en el imaginario colectivo. De allí que aún ahora sigamos hablando de un tal Aquiles o de un tal Fausto.

Si bien no podemos inventar nuevos colores, podemos usarlos de tal manera que nos ayuden a crear algo nuevo, traducir lo universal a lo personal. A fin de cuentas, si bien el mundo es el mismo, lo que cambia es nuestra perspectiva.

Temas recurrentes en la literatura

Si hubiera que englobar los temas de todas las historias del mundo, o al menos las que ha leído, lo haría así: el poder, la muerte, la libertad, la venganza, el amor, la identidad, la verdad y el viaje.

Harry descubre que es un mago destinado a cambiar la historia (identidad).

Hamlet busca justicia contra quienes conspiraron para matar a su padre (venganza).

Winston Smith busca liberarse de la presencia del Gran Hermano (libertad).

Ana Karenina se suicida por celos (amor).

Los Siete Reinos guerrean por quién tendrá la corona (poder).

De una u otra forma cada gran novela toca alguno de estos temas, en alguna de las miles de lecturas que podemos darle. Y son estas diferentes lecturas las que crean una variedad de historias que le faltan poco para ser infinitas.

En una novela el amor puede ser hermoso (Orgullo y Prejuicio), pero en otra puede ser la causa de sufrimiento (Eugenia Grandet). Puede ser inocente o carnal, de pareja o unilateral, correspondido o rechazado, feliz o trágico.

Y es en base a la visión que tengas de estos temas, o lo que quieras contar de ellos, podrás construir una premisa. Recuerda que la literatura no es más que una metáfora de la vida y como tal, cada persona la ve bajo su punto de vista.

Las dimensiones, el tema y las historias

Como en la vida, una historia se basa en el conflicto y de tu batalla (representado por el protagonista) por superar las adversidades que el mundo, sus relaciones o el mismo, coloca a su paso para conseguir un objetivo. De allí que las dimensiones del conflicto tengan un papel preponderante a la hora de tratar el tema.

No es lo mismo aceptar nuestra propia muerte (La Edad de Hierro, J.M Coetzee), presenciar la muerte de un ser querido (Shigatsu wa kimi no uso) o combatir la muerte a nuestro alrededor (La peste, Albert Camus).

Cada obra trata de la muerte, pero la dimensión del conflicto a la cual se enfrenta el protagonista es lo que hace la diferencia en el tratamiento del tema y el propósito mismo de la narración.

De allí que existan diferentes tipos de historias para sacar a relucir el conflicto en alguna de las tres dimensiones del conflicto. Y que haya formatos que favorezcan a uno u otro: el cine se centra más en los conflictos externos, el teatro a los conflictos personales y la novela a las diatribas internas.

Conclusiones y tarea

Puede que parezca algo complicado esto de conseguir un tema acorde a una historia que quieras contar. Pero en realidad no es algo por lo cual romperte la cabeza. De hecho, aunque no lo parezca, puedes tratar de mezclar un tema con una idea que a las primeras de cambio no tienen relación.

Es más, te dejaré una pequeña tarea: elige un tema de la lista que coloqué en este artículo, que para nada es una lista definitiva, para que luego lo trates es una historia que no tiene nada que ver:

Una historia sobre el poder que tenga que ver con una pareja que se enamora.

Un drama familiar sobre la libertad.

Un viaje de autodescubrimiento sobre la venganza.

Un escape de prisión sobre despedidas.

Como podrás ver, y aunque me esforcé en buscar dos cosas  por completo separadas, de seguro te habrá sonado alguno de estos ejemplos de algún libro o una película. No es de extrañar, como ya dije, todas las historias han sido contadas, ahora solo falta que les des un pedacito de tu alma para hacerlas tuyas.

Y recuerda, a escribir se aprende escribiendo.

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