5 errores que cometemos al escribir una novela

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Aprender a escribir es un proceso que toma años de esfuerzo y dedicación, un proceso que no estará exento de errores. No es de extrañar que en el camino suframos traspiés o cometamos errores. Pero esto no debe ser razón para desanimarse, hasta los más grandes nombres de la Literatura Universal han tenido tropiezos a lo largo de su carrera.

Cuando empezamos ese primer libro no somos del todos consiente de los mecanismos internos operan en una novela  para que sea interesante para el lector y digan algo significativo. No es raro que entonces reciba rechazos de las editoriales.

A medida que ganamos experiencia en esto de escribir debemos aprender diagnosticar estos errores y  cómo corregirlos. Es por ello que a continuación te presentaré cinco de los errores más comunes al escribir una novela, todo los cuales los cometí en mi primer aproximación como escritor:

1. No saber arrancar la historia

A no ser que te dediques a la Literatura experimental, el propósito de una novela es contar una historia. Si bien es cierto que en la novela el centro de la narración es la evolución de los personajes, esto no quiere decir que debas dejar la historia de lado.

Este problema se nota con más insistencia al comienzo de la novela y se divide en dos aspectos: uno de fondo y otro de forma.

Cuando somos escritores noveles arrancamos a escribir nuestra novela donde consideramos que debería estar el principio, aunque esto no tenga nada que ver con el efecto que buscamos crear en nuestro lector.

Esto produce inicios flojos, aburridos y que no generan expectativas en el lector.

Debes tener presente que el propósito de la primera oración de tu libro es meter de lleno al lector en el conflicto de tus personajes y en el mundo que construiste para ellos.

Recuerda que la diferencia entre tener una novela publicada y un borrador abandonado en el cajón podría estar en un inicio potente. De allí que trates de evitar las descripciones anquilosadas o detalles que no generan expectativa ni tensión en el lector en las primeras páginas. Esto en cuanto a forma.

Si hablamos de fondo, vendría de la concepción misma de la historia: muchos escritores tendemos a construir historias por el mero placer de contar algo, de ver nuestras palabras transcritas al papel. Historias que nos encantan pero que tal vez no signifiquen nada para lector.

Por eso debemos dedicarnos en la relectura profunda de nuestro escrito, no solo buscando errores de sintaxis o de congruencia: hay que meterse de lleno en la premisa de la obra y averiguar si dice algo importante.

Escribir es un acto de comunicación, en el cual expresamos nuestras inquietudes, pero debe ser algo significativo para el lector. ¿Si no dice nada que le importe, por qué debería comprar ese libro?

Pero descuida, la solución es fácil: lo verdaderamente humano es interesante.

2. Pensar que la realidad y la ficción son lo mismo

La diferencia entre la realidad y la ficción es que la ficción debe ser creíble. Solo hace falta salir a la calle para toparnos con las millones de variables y coincidencias a las que somos sujetos día a día. Por eso la vida siempre tiene esa cualidad de asombrarnos, pero lo aceptamos como pare de ella, en realidad, no tenemos de otra.

No podemos esperar que esa aceptación ciega se traslade a la Literatura. Todos sabemos que lo ocurrido en los libros es, en menos o mayor medida, mentira, pero no poder eso dejamos de comprometernos con esos acontecimiento, en creer que son reales.

Esto se llama la suspensión de la incredulidad: un pacto mediante el cual el lector acepta que está leyendo algo que ocurre de verdad, aunque en el fondo sabe que no lo es; a cambio, el escritor debe contarle algo interesante y presentarle personajes con los cuales se pueda comprometer.

Y para conseguir este pacto, debemos crear mundo y personajes que podrían parecer reales. Esta verosimilitud se consigue cuando construimos un mundo con normas y situaciones parecidas a las nuestras, a los cuales deben reaccionar los personajes como si fueran personas reales.

Algo que no se limita a  las ambientaciones realistas: no existen los anillos de poder, los Siete Reinos ni las escuelas de magia; pero esos mundos están construidos de una forma que bien podrían ser reales.

3. Abusar con los detalles

Le haré una confesión: no he podido pasar de la página 40 de Madame Bovary. Todo el mundo dice que es una obra maestra, pero me supera. Y aunque no soy quien para decir que sea un mal libro o que esté mal escrita, me permite esclarecer un punto.

Flaubert ocupa mucho espacio en su novela para describir en todo detalle los escenarios y lugares en los que se desarrolla su historia. Hay una descripción para cada cosa, lugar, mueble o artículo. Y llega un punto en que la imaginación deja de funcionar.

Tal vez esto era normal y aceptable para las novelas de hace 200 años, pero en la actualidad el lector promedio tiene acceso a más información sobre lugares, historia, atuendos, modas, muebles, peinados, como para necesitar descripciones exhaustivas.

Cuando se abusan de las descripciones la mente no tiene trabajo que hacer, pasa por las líneas poniendo los objetos en su lugar. Pero si dejas los suficientes espacios en blancos, la imaginación los llenará y entrarás en complicidad con tu lector: entre ambos crearan el mundo. Será una novela de ambos, algo mayor a la suma de sus partes.

Lo mismo ocurre con las explicaciones de los lugares, de las reglas por las que se rige el mundo, los sentimientos de los personajes y sus pensamientos. Mucha información no solo satura al lector, sino que le priva de las emociones que generan en los personajes.

Hay que saber cuándo utilizar cada uno de estos recursos: es mejor ver a nuestro protagonista horrorizado porque la policía le da una paliza a un hombre con una hogaza de pan en la mano que dedicar párrafos de dialogo a explicar que hay una tiranía que dejar morir de hambre a sus ciudadanos.

4. Creerte un gurú

No me gusta Paulo Cohelo, y no me gusta por una sencilla razón: en cada novela que escribe trata de erigirse como un referente de moralidad, deja moralejas que se suponen arreglan la vida y que son meras excusas para lanzarle un sermón al lector.

Todos tenemos una forma de ver la vida, nuestros propios valores morales e inquietudes que deseas comunicar al escribir, pero esto no quiere decir que debas imponer esta forma de pensar a tus lectores.

Cuando alguien nos viene con una perorata hacemos una de dos: o nos molestamos o no le prestamos atención. En el caso de un libro, con cerrarlos basa, ¿quién va a soportar a un tal Memo Valera que se cree el más sabio de los sabios solo porque escribió un libro y unos artículos en un blog?

Si no me crees, allí está el ejemplo de la comedia: cuándo analizamos cualquier película de comedia notarás que habla de asuntos muy serios, pero los escritores lo convierten en tema de burla con la esperanza de que el tono ligero su mensaje pueda irse colando a fuego lento.

La mejor alternativa es que los personajes, con sus acciones y motivaciones, vayan construyendo el mensaje del escritor: es más fácil relacionarnos con un personaje que supera sus miedos luego de enfrentarse de cara con ellos que otro que nos cuenta que el miedo es algo irracional y que no vale la pena dejarnos dominar con él.

Y en todo caso, el fin último de tu novela no es cambiar la concepción filosófica de tu lector, a menos que seas filósofo, sino brindarle una nueva perspectiva que enriquezca su visión del mundo.

5. Crear malos malotes y buenos buenotes

La literatura es una metáfora de la vida, y en la vida no hay nadie completamente bueno ni totalmente malo. Es más, esas categorías no existen: en el mundo solo hay personas que buscan un objetivo y que a veces entran en conflicto con otros para lograrlo.

Esa es la dinámica entre el protagonista y el antagonista. Cada uno trata de alcanzar el objeto de su deseo, o mantener lo que ya tiene, pero solo uno de los dos puede conseguirlo. De allí proviene el conflicto.

De tal manera que, para mantener la verosimilitud de tu historia debes crear un personajes con defectos y cualidades, capaces de poder justificar sus acciones con sus valores morales y objetivos.

Ned Stark es un caballero noble, pero fue un inocente que se dejó engañar de la forma más obvia posible. Fue incapaz de hacer lo necesario por esa misma honradez ¿Qué ocurrió al final? Su idea de moralidad desencadenó una guerra que ha dado para escribir cinco libros.

Cirsey Lannister es manipuladora y cruel, pero ¿qué le esperarían a ella y a sus hijos si no hiciera lo posible para mantener su posición? No es como si las mujeres en la Edad Media tuvieran muchas opciones.

Conclusiones

No sé hasta qué punto este artículo te servirá de guía para evitar que tu próxima novela encalle, solo espero que al tenerlos en mente sea más fácil detectarlos. Y descuida, si de verdad amas escribir, con el tiempo, tendrás la experiencia suficiente para no caer tan fácil, por eso de no tropezarse dos veces en la misma piedra.

Por lo demás, estoy a la orden para cualquier pregunta o inquietud que se les presente, así como sus propias teorías literarias, me encantaría leerlas. Para eso está la caja de comentarios.

Y recuerda, a escribir se aprende escribiendo.

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6 comentarios en “5 errores que cometemos al escribir una novela

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