Qué son y cómo se cuentan las historias

qué son y cómo se escriben las historias

El propósito último de la literatura es presentar una metáfora de algún aspecto de cómo es la vida bajo la perspectiva del autor, y para hacer esto cuenta una historia.

Por eso, desde las primeras obras del teatro griego, se exploró cuál es la forma más efectiva de contar un relato, entre las cuales se terminó destacando la propuesta por Aristóteles y su Poética, la cual se puede resumir como: un protagonista activo que lucha contra una fuerza antagonista para obtener un objetivo en un lugar y tiempo determinados.

A esto se le terminó llamado Arquitrama, la forma clásica de narrar empleada hasta la actualidad.

No obstante, con el paso de los años se fue teorizando al respecto de este modelo, por lo cual se idearon nuevos paradigmas, que sirven de antítesis a la Arquitrama: la Minitrama y la Antitrama.

Como estas dos nuevas formas son respuestas a la antes establecida, siempre recomiendo empezar dominando la Arquitrama antes de tratar de experimentar en tu forma de construir historias.

Todos estos modelos se ven supeditados por la existencia de un conflicto que afecta al protagonista en alguno de sus niveles; esto se debe a que toda narración nace del conflicto, del cambio, como lo es la vida misma; de lo contrario sería un retrato costumbrista o un no-acontecimiento, algo que no tendrá interés en el lector más allá de su valor descriptivo.

La Arquitrama

La inmensa mayoría de novelas, cuentos, comics y películas que has visto o leído responden a este modo de narración que se basa en una obra de tres actos (cinco si contamos con los puntos de giro) en los cuales un protagonista activo (ósea que hace cosas para conseguir sus objetivos) y que combate contra una fuerza antagonista (un personaje, acosa o situación) que se interpone para conseguir su objeto del deseo.

Entonces, para usar este tipo de narración hay que establecer previamente cuatro factores claves:

El protagonista: sus deseo debe ser tan grande que lo lleve a a actuar, a arriesgar lo que ya tiene por ello; la historia gira en torno a este conflicto (el lograrlo o no lograrlo y el miedo a la perdida que implican).

El Antagonista: actúa para conseguir sus propios objetivos, que normalmente no coinciden con los del protagonista. Debe ser superior en habilidades al protagonista, de lo contrario no sería un reto vencerle, y tener una justificación en su trasfondo o sus motivaciones que bajo ciertas circunstancias de den la razón.

No tiene porque ser “malo”, por ejemplo: de niños a más de uno la mamá nos mandó a dormir temprano para ir a la escuela aunque estuviéramos jugando. Ella es nuestra antagonista en ese momento, pero no es mala: sabe que estaremos cansados al día siguiente si no dormimos lo suficiente, es por nuestro bien, aunque no lo veamos así.

Cuando vemos a un antagonista y decimos “odio admitirlo, pero tiene razón en eso” tenemos a un buen personaje.

El Conflicto: un cambio en la situación del protagonista que lo obliga a moverse: se enamora de la nueva chica del pueblo, le matan a un ser querido y ahora quiere venganza, llega a una nueva escuela, lo están persiguiendo, quiere encontrar a alguien.

Es una serie de dilemas que colocan a nuestros personajes en una posición cada vez más comprometida y deba tomar las decisiones que lo acerquen o alejen de su objeto del deseo: conseguir el amor, respeto, recuperar el orgullo, algo perdido, buscar venganza o enfrentarse a nuestros miedos son algunos de los ejemplos de temas recurrentes.

Los actos: partes en las que se divide el conflicto principal de la historia, que se ha repetido en las clases de Castellano desde tiempos inmemoriales: inicio, nudo y conclusión:

1er Acto: se presentan los personajes, sus motivaciones y sus relaciones entre ellos; se arranca el conflicto con un evento que obliga al protagonista a actuar.

2do Acto: en este (el más largo de la obra) es donde van creciendo las dificultades para el personaje principal, donde el antagonista se muestra una fuerza invencible y donde la confrontación se hace presente.

3er Acto: Es “la batalla final” donde el protagonista hará su mayor esfuerzo para lograr su objetivo, pudiendo lograrlo o no, tras lo cual se establece un status quo a modo de conclusión, de respiro para el espectador.

Antitrama

Es la primera de las opciones de la Narración Convencional, que difiere con ella a un nivel más allá de la mera estructura: es su negación.

Cuando la Arquitrama se basa en que toda acción tiene una razón de ser, sobre la causa y el efecto, la Antitrama es la inexistencia del destino, una declaración de que la vida no tiene sentido y que las cosas pasan solo porque si: los sucesos de la obra van ocurriendo por el azar o las coincidencias, donde los personajes buscan lidiar con lo que ocurre a su alrededor.

Por eso, en este tipo de narración predominan los protagonistas pasivos (que tienen deseos pero no actúan, que reaccionan a las situaciones en que las pone el mundo), donde las escenas se dan en escenarios fantásticos, incoherentes y no lineales en el tiempo, donde la impresión de lo que se cuenta es más importante a lo que se cuenta. Aquí podemos encontraremos obras como la antinovela, las películas surrealistas y el teatro de lo absurdo.

Minitrama

Esta es, como su nombre lo indica, es la reducción de estos conceptos. Básicamente es el cuento o las obras donde el protagonismo se reparte en formas equitativas entre varios personajes con el mismo objeto del deseo.

Aquí tratamos de simplificar los factores, quitarle todos los componentes que sobren a la estructura para que sea ágil, simple y directa.

El No-Acontecimiento

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Estas tres formas de narración forman un triángulo en el cual toda historia dramática se encuentra, más cerca o más lejos de alguno de los vértices, de lo contrario pasaría a ser un no-acontecimiento: una escena donde no pasa nada, donde los personajes no actúan en búsqueda de su objeto del deseo y donde la fuerza antagonista no presiona al protagonista.

Novelas costumbristas y el mal cine independiente, donde los esfuerzos del creador se enfocan en representar la “realidad” aparente del escenario, cuando lo verdaderamente importante es la “realidad” de los personajes y sus conflictos: sus miedos, ambiciones, su fuerza de voluntad o su deseo por alcanzar un futuro mejor.

La única realidad que le debería importar a un escritor es la realidad del alma humana.

Conclusiones

Un lugar común dice que “para aprender a correr, primero hay que caminar”, por eso, como ya he dicho con antelación, es necesario dominar las formas de narración elementales, en este caso la Arquitrama, para luego experimentar con otros métodos.

Y sobre todo escribe, juega con las palabras y no dejes que la aparente dificultad de la tarea te desaliente: todo gran autor es nada más contar qué significa la vida para él, solo debes preguntarte con toda franqueza “¿qué significa la vida para mí?” te aseguró que allí está el germen de una gran obra, solo debes irla a buscar.

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