Entrevista, Marcelo di Marco

Marcelo di Marco, en la cava de "El Gato Viejo", bodegón de Carlos Regazzoni

Siempre he creído que la Literatura es una cuestión de constancia, no de talento; donde una persona que se afane todos los días tiene un mejor porvenir que alguien que solo se recuesta en un “don” especial; una adaptación de La Liebre y la Tortuga en las letras.

Por eso no puede evitar sentirme afín a la propuesta que el poeta, cuentista y ensayista Marcelo di Marco dejo plasmada en su Taller de Corte y Corrección: más de 100 incisos inspirados en los múltiples talleres de narrativa que fue impartiendo a lo largo de los años y que tenían como lugar común el descartar la inspiración por un esfuerzo más consciente a la hora de escribir, supeditar a las musas a la labor del autor.

Gracias a las redes sociales pude compartir algunas palabras con él, sobre el valor de la corrección de los textos literarios, el pilar de su propuesta.

Señor di Marco, ¿Por qué asegura que la corrección es vital en el proceso de creación de una novela, cuento, obra o poema?

Sin corrección, no hay obra. Los “escritores” que dejan las cosas según se les ocurrió no llegarán ni a la esquina. Sobran los ejemplos, afortunadamente para la literatura.

Al terminar e primer borrador de una obra ¿por dónde se debe empezar a corregir?

Por todo lo que no concurra a la verosimilitud del texto. Desde una coma incorrectamente puesta, pasando por un adjetivo que nada agrega, hasta llegar a esa tormenta que nos encanta cómo está escrita pero que es absolutamente incongruente con nuestra historia. Pero insisto: si a una persona le preguntan por qué asiste a un taller literario, la respuesta más certera es “Para que mis textos resulten verosímiles”. Al decir de Vargas Llosa, todos los recursos literarios se orientan a ese fin. En el caso específico de un cuento, debe eliminarse todo lo que no concurra a la unidad de efecto (Poe) del relato. En el caso de una novela, todo lo que aburra. Pero, para saber qué aburre, es necesaria mucha lectura.

Siendo así, ¿qué autores aconseja para ir aprendiendo el oficio de escritor?

Para novedades, los clásicos: Jack London, Edgar Allan Poe, Guy de Maupassant, Anton Chejov, Franz Kafka, Jorge Luis Borges. Todo lo que se pueda leer de esta gente magistral. En cuestiones de forma y estilo recomiendo cuatro libros ineludibles: Zen en el arte de escribir, de Ray Bradbury; Mientras escribo, de Stephen King; El arte de escribir y La formación del estilo, de Antoine Albalat, y Taller de corte & corrección, modestia aparte.

¿Y cuándo sabes qué se debe dejar de corregir?

Si corregir es tachar, yo recomendaría parar cuando el texto ya no se comprende, de tanto que se le sacó voluntariamente. El escritor es dueño de una daga; es decir, de un arma de doble filo.

Siendo la corrección una labor premeditada, por no decir sistemática. ¿Eso quiere decir que la inspiración pierde su rol?, ¿siquiera existe?

Creo que sí. Y digo “creo”, como cuando digo que creo en Dios. En mi caso, al menos, escribo cuando tengo ganas. Negar la inspiración es cometer un pecado grave, porque implica negar la acción del Espíritu Santo. Tampoco hay que endiosar a la inspiración, porque es la principal excusa de los perezosos, de los autores inéditos y de los “genios incomprendidos”.

Consejos para el escritor novato

En los cursos que ha venido impartiendo, ¿cuáles son los errores o fallas, por decirles de algún modo, que más ha notado?

Dos, fundamentalmente. 1: La afectación estilística, nacida de las ganas de escribir como si uno tuviera entre sus artísticas manos una pluma de ganso en lugar de un procesador de textos. 2: El hecho de privilegiar el narrar sobre el mostrar. Sobre esos dos males trabajamos con los escritores en formación que caen en mis garras.

Hay dos grandes males que sufren los escritores jóvenes: el miedo a la página en blanco y la procrastinación, ¿qué métodos recomienda para sortear esos obstáculos?

Obligarse a no comer ni beber hasta no tener escrita la página diaria. El hambre y la sed son grandes inspiradoras. Y el escritor que no se tiene a sí mismo por amo merece olvidarse de sus veleidades de artista. Mejor que se vaya a trabajar a una oficina cualquiera, junto con otros esclavos como él: ahí tendrá encima a todos los jefes que quiere y necesita. Vence quien se vence.

¿Entonces qué le recomienda a una persona que tenga el deseo de escribir?

Que se siente un rato a ver si ese deseo se le pasa. Si no se le pasa, que me escriba para arreglar una visita a alguno de mis grupos de escritura. En el TCyC descubrirá si la literatura es para él un mero deporte o una necesidad imperativa. La gente no tiene por qué perder tiempo dedicándose a lo que no se hizo para ella. Si su destino es o no literario, bajo mi sabia protección lo descubrirá más temprano que tarde.

Literatura 2.0

Se ha vuelto un lema en esta era digital que quien no esté en Internet no existe, y parece que di Marco lo ha entendido: cuenta con un canal de YouTube donde publica consejos de escritura pormenorizados, así como ejemplos de edición; asimismo, con su página de Facebook para mantenerse en contacto con los estudiantes de sus cursos y todo el interesado en su Taller.

Ha utilizado las redes sociales y YouTube para dar a conocer su curso y sus consejos a la hora de escribir, ¿qué opinión tiene del fenómeno booktuber (jóvenes grabándose reseñando libros, en su mayoría literatura juvenil)?

Me es imposible opinar sobre el asunto, pues aún no he visto ninguno de estos programas. Sí puedo asegurar que YouTube es una plataforma excelente para la comunicación de las ideas. Si algún booktuber anda leyendo esto, le propongo un interesado do ut des: comentá mi novela Victoria entre las sombras, flaco, y yo recomiendo tu programa desde mi canal. Si me gusta, desde luego.

La pregunta que no podía faltar

Ya para terminar, ¿la literatura es cuestión de talento o constancia?

De las dos cosas, pero principalmente de la segunda. Yo puedo tener talento para embocar naipes lanzándolos adentro de un sombrero; pero, si no entreno, los naipes difícilmente caerán donde quiero que caigan. El lema favorito del Taller de Corte y Corrección es: con tener talento no te alcanza.

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