Reseña: Kitchen, Banana Yoshimoto

BANANA YOSHIMOTO

Vivimos en un mundo muy diferente al que vivieron nuestros padres: nos movemos cada vez más rápido, sin tiempo para detenernos a respirar, bajo la presión de la inmediatez, donde hay miles de formas de comunicarnos pero cada vez menos que decirnos. Vivimos en un mundo donde la soledad va ganando cada vez más terreno.

Kitchen, de la japonesa Banana Yoshimoto, entra de lleno en este terrible subproducto de la globalización y lo devela como es: un lugar donde la juventud no encuentra donde hallarse, pero en el que aún, a pesar de todo, todavía hay esperanza.

La historia es muy simple: una joven universitaria, Mikage, ha perdido a toda su familia, de la noche a la mañana se encuentra sola y desamparada; pero llega Yuichi, quien, como si de un “milagro” se tratase, la acepta en su casa, donde vive con su madre transgénero, Eriko.

La literatura se alimenta ciertos temas estándares: el amor, la venganza, la identidad, el poder y la soledad. En muchos casos lo que cambia es el tratamiento y el tono.

Por eso, mientras vemos que en novelas como El Túnel de Sabato, Castel se deja arrastrar por la soledad, los celos y la desconfianza, en una actitud autosuficiente y temerosa; en Kitchen vemos a unos personajes que tratan de salir del circulo de soledad y muerte en el que están rodeados.

Es una novela corta, con un estilo llano, directo y que te deja un buen sabor de boca al terminarla.

Pero no todo puede ser tan bueno…

Obra primeriza

Se nota que esta es la primera novela de Yoshimoto, de hecho, la edición que tengo viene con el relato Moonlight Shadow (que tiene mucho en común con Kitchen), el cual fue parte de su tesis para la Licenciatura en Letras: el reciclaje de recursos expresivos, la reiteración en las metáforas y los huecos arguméntales que plagan la obra.

¿Por qué Yuichi acepta de buenas a primeras acoger a Mikage?, ¿por qué ella terminó con su novio?, ¿qué relación tenían la abuela de Mikage y Yuichi? son solo unas de las preguntas que te vas haciendo a medida que vas leyendo la historia, que a minutos va dando la impresión que le hubieran arrancado pedazos con descuido, como mordidas desprolijas.

Cosa que distrae, pero que, en cierto punto, ayuda a reforzar el efecto de la novela: complementa la sensación de perdida, incluso de confusión, en la que viven los personajes.

Lo que si es una falla en la obra, conectada al punto anterior, es el endeble control de la suspensión de la incredulidad que tiene la autora.

Al ver una película o leer un libro hacemos un pacto con su autor: ellos se comprometen a crear una historia para entretenernos y que nos interese, mientras nosotros acordamos creer lo que nos están mostrando es verdad. A esto se le llama el pacto de la suspensión de la incredulidad, que se mantiene por una sola razón: que el autor nos muestre cosas que podamos creer, que sean verosímiles.

En muchos aspectos, sin caer en spoilers, no puedo creer mucho de lo que ocurre en la novela, y mucho menos si ocurre en una sociedad como la japonesa: nadie acepta a una persona que apenas conoces en tu casa.

No obstante, si sabes obviar esos pequeños detalles, así como la reiteración de la luz como fuente de todo el contenido poético de la novela, puede llegar a ser una experiencia muy inmersiva.

Puedes llegar a sentir verdadera empatía por Mikage, ella vive un drama cotidiano, cercano a todos nosotros, ¿quién no ha perdido un ser querido?, ¿quién no se ha sentido solo alguna vez?, ¿quién no ha sabido qué hacer con su vida en un momento difícil?

Y esa, a mi parecer, es la mayor fortaleza de la obra: su capacidad de hacernos sentir empatía por sus personajes.

Hablemos de estilo

Solo he leído dos libros de autores japoneses, incluyendo este, y me ha agradado sobre manera su forma de narrar: llana, simple, donde la historia tiene la mayor carga discursiva, una estilo de escritura desembarazada de adjetivos innecesarios o recursos rebuscados.

No sé si eso tiene que ver con los meritos de los propios autores o si es una factor común, arraigado gracias al uso de su idioma, muy diferente al nuestro, más limitado y contextual que el español.

Lo que si sé es que gracias a esto, Fichen se vuelve una obra de lectura entrañable, simple y que va directo al grano: siendo una novela de menos de 200 páginas ni sientes que falta contarse más, tiene todo lo que necesita para funcionar, ni una letra más.

Conclusiones

Sin ser el más espectacular ni revolucionario de los libros, Kitchen es una primera novela excelente, con sus fallas, pero que no demeritan el talento de una autora que todavía tiene mucho por demostrar.

Si lo que buscan es una historia fácil de entender, condensada, lo suficiente profunda para hacernos reflexionar, pero no lo suficiente para ser inaccesible, esta novela es para ti.

En fin, lectura recomendada.

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