El efecto Shakespeare

shakespeare_williamSi bien el mundo ha reconocido en William Shakespeare una de las escritores más brillantes de todos los tiempos, hasta hace poco no me había percatado del verdadero secreto de su genio. Y a falta de un mejor nombre o concepto, quise llamarlo Efecto Shakespeare.

Para darme a entender mejor, usaré como ejemplo mi obra favorita de este autor, La Tempestad: Prospero es el duque de Millán, es traicionado por su hermanHamlet1948réal : Laurence OlivierLaurence Olivier Collection Christophelo Antonio y desterrado junto a su hija Miranda a una isla regida por una bruja. Muchos años más tarde, convertido en un poderoso mago, crea una tormenta para por fin cobrar venganza.

Les daré algunas pistas con respecto a lo largo del los próximos intertítulos para que se vayan creando su propia idea que es este efecto, que tienen que ver con los explicados por Poe, pero eso lo explicaré más adelante.

Siendo así, comencemos.

Temas iguales, polos opuestos

Uno de los rasgos más fascinantes de La Tempestad es que parece ser la contraparte de Hamlet, una de las cuatro tragedias más famosas.

Ambas historias hablan de injusticias conjuradas contra el protagonista, lo que impulsa sus deseos de venganza. Los dos, Prospero y Hamlet, inician su accionar gracias a cualidades sobre naturales –la magia del espíritu Ariel o los designios del fantasma de un rey traicionado–; pero se diferencian en un punto fundamental: su capacidad de perdonar. Mientras que el príncipe Hamlet lo arrasa todo en una vorágine de odio; el duque Prospero renuncia a su magia, perdona a sus victimarios y le abre el paso a amor de Miranda y Fernando.

Estas dos obras, al leerse juntos destacan por su mensaje, más claro todavía gracias al contraste que brindan entre si: la incapacidad de perdonar nos aniquila, el perdón es la única forma de abrir “el panorama enlunado de la vida”.

Todo encubierto a la vista por la bella prosa shakesperiana.

caliban-on-a-branch-1881Calibán y los monstruos

Este monstruo, hijo de la bruja Sycorax, antigua regente de la isla donde transcurre La Tempestad, es un personaje particularmente interesante. ¿Pero es realmente un monstruo?

Convertido en esclavo y condenado a la barbarie, por la repulsión que le causa su apariencia a Prospero, Calibán, símbolo de la brutalidad de la naturaleza que se somete ante la civilización, es la víctima del lado más cruel, y por ende humano, del mago: lo encadenó al salvajismo para poder dominarlo y como es salvaje debe ser dominado.

Como en la historia del escorpión y el sapo, Calibán no puede cambiar quien es, por más que se le castigue o reprima, más por el hecho que el propio Prospero le niega a enseñarle a leer, como en efecto hizo con Miranda. Para quienes hayan leído la obra sabrán las razones del odio del mago a la criatura, sin embargo, ¿se puede culpar a un escorpión por actuar como un escorpión?

Como el monstruo creado  por el doctor Víctor Frankenstein, nacido sin pecado, odiado por su origen y despreciado por todos, hasta el punto que se convierte en la abominación de la que lo acusan ser, Calibán es la triste realidad detrás del noble Prospero, culpabilidad que parece permear en el epilogo de la obra, la última que se sepa que escribió Shakespeare: “Mi fin será la desesperación”.

Conclusión a la que solo se llega a medida que la obra se va asentando en la memoria: capaz del alma de los personajes que se van abriendo al interior de la imaginación del lector.

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¿Qué es el efecto Shakespeare?

Ya di mis pistas, si ya tienen la respuesta, déjenmelo saber en los comentarios.

Esta teoría literaria, o más bien mi impresión, se fundamenta en dos factores predominantes:

Edgar Allan Poe, en su ensayo Filosofía de la Composición, explica que cada creación literaria debe tener como fin último crear una impresión, o un “efecto”, en el lector, y que toda la historia está construida para maximizar dicho efecto.

Siendo teatro, La tempestad puede leerse de una sola sentada, lo que preserva el efecto, cosa muy difícil para una novela o escritos más extensos: al tener que leerse en más de una sola sesión, las experiencias cotidianas entre cada lectura diluye el efecto.

Este sería el primer factor, el segundo vendría a ser el lenguaje shakesperiano: el andamiaje de sus obras, donde predomina el dialogo y la reflexión sobre la acción, un vocabulario florido que crea cierta distracción. A más de uno le ha pasado, lo sé por experiencia propia, que sencillamente hay que concentrarse en entender lo que dicen los personajes que se llega a perder el foco de la trama.

Si juntamos estos dos puntos, tenemos que el efecto Shakespeare es como una semilla que se planta en nuestra mente al leer cualquiera de sus obras y que, a medida que se va asimilando y analizando florece con toda de la fuerza de la belleza de sus historias.

Es el lento sugir de un mundo maravilloso donde a primera vista solo encontraste un páramo sombrío.

Efecto que no solo tiene él, sino un infinidad de autores como García Marquez en El amor en los tiempos del Colera, o Harper Lee en Matando un Ruiseñor, o William Faulkner en Luz de Agosto. Y todos esos escritores que al terminar su obra dejan los suficientes componentes para que nosotros, los lectores, le demos estructura a sus mundo fantásticos y le demos continuación a las vivencias de esos personajes que han calado en el fondo de nuestros corazones.

Ahora, díganme, ¿con cuál autor han sentido este Efecto Shakespeare?

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5 comentarios en “El efecto Shakespeare

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